METODOLOGÍA DE LA INVESTIGACIÓN
InvestigacionSocial  
 
  Transdiciplinariedad e Investigación Social 22-08-2017 12:40 (UTC)
   
 

 

II Congreso Internacional de Investigación y Postgrado
La Transdisciplinariedad de las Ciencias en el Siglo XXI
7-11 Mayo 2007 - UNEFA
Caracas, Venezuela
 
 
 
TRANSDISCIPLINARIEDAD, PERTINENCIA SOCIAL
E INVESTIGACIÓN
 
 
Miguel Martínez Miguélez§
Universidad Simón Bolívar
Caracas - Venezuela
miguelm@usb.ve
 
 
1. Gravedad de la Situación Actual
       Durante los últimos 15 años, ha aparecido y se ha desarrollado un “movimiento” intelectual y académico denominado “transdisciplinariedad”, el cual desea ir “más allá” (trans), no sólo de la uni-disciplinariedad, sino también, de la multi-disciplinariedad y de la inter-disciplinariedad. Su intención es superar la parcelación y fragmentación del conocimiento que reflejan las disciplinarias particulares.
       Este movimiento es mucho más amplio y receptivo que una “escuela” ideológica y ha sido impulsado, sobre todo, por la UNESCO  y por el CIRET  de Francia.
       Las disciplinas académicas aisladas se consideran menos que adecua­das para tratar los más importantes problemas intelec­tuales y socia­les que caracterizan la vida moderna. Esa separación de saberes se torna inope­rante cuando se enfrenta a la realidad concreta que vivimos. Esen­cialmente, estas disciplinas son, más bien, convenien­cias admi­nistrativas, que se acoplan bien con las necesidades de las instituciones académicas y que se perpetúan a sí mismas como organizaciones sociales.
       El mundo en que hoy vivimos se caracteriza por sus interconexiones a un nivel global en el que los fenóme­nos físicos, biológicos, psicológicos, sociales, políticos, económicos y ambientales, son todos recíprocamente interdependientes. Para describir este mundo de manera adecuada necesitamos una perspectiva más amplia, holista y ecológica que no nos pueden ofrecer las concepciones reduccionistas del mundo ni las diferentes disciplinas aisladamente; necesitamos una nueva visión de la realidad, un nuevo “paradigma epistémico”, es decir, una transfor­mación fundamental de nuestro modo de pensar, de nuestro modo de percibir y de nuestro modo de valorar.
       Analizando el proceso de investigación que va más allá de lo meramente centrado en las disciplinas particu­lares, se pue­den distinguir varios niveles a lo largo de un conti­nuum. Estos niveles van de lo mono-disciplinar a lo multi-­discipli­nar, a lo in­ter-disciplinar y a lo trans-disciplinar. Éste sería, básicamente y de acuerdo a la Unesco, el camino a seguir para lograr una Universidad más cónsona con las demandas que la sociedad actual le pide a la Academia y a los profesores que la integran.
       Esta línea de reflexión ha exigido la creación de términos nuevos y, entre ellos, está jugando un papel clave el de “transdisciplinariedad”. Pero, ¿qué entendemos exactamente con el mismo? En efecto, “más allá de”, o “a través de” las disciplinas conocidas puede haber muchas cosas, y necesitamos saber a cuáles nos referimos si deseamos comunicarnos y entendernos. Por otro lado, la semántica, como también la etimología de los términos, pueden tener “cierto derecho” a imponernos un determinado significado de los mismos, pero sabemos que, en definitiva, es la pragmática, es decir, el “uso” de los términos y, a veces, contra toda lógica, el que termina jugando el papel principal en la comunicación.
       En la multi-disciplinariedad ciertamente se enriquece una disciplina con los saberes de otra, y en la inter-disciplinariedad se lleva, incluso, el orden epistémico y metodológico de una a otra. Pero en la trans-disciplinariedad se pide algo más, que, por cierto, no es nuevo, pues la idea central de este movimiento ya Piaget la proponía en los años 70 como una “etapa nueva” del conocimiento; sin embargo, su uso se ha intensificado en las últimas décadas.
       De ahí, han ido naciendo los estudios realizados por pares o tríadas de disciplinas como la biofísica, la astrobiología, la psicolingüística, las ciencias bio-psicosociales, la psiconeuroinmunología, la inmunofarmacología y tantas otras, donde percibimos “interdisciplinariedad” o “transdisciplinariedad”.
       En efecto, cuando se enfrentan los proble­mas básicos y reales de la vida, que exigen saber, por ejemplo, cómo producir suficiente alimento para toda la población, cómo asegu­rarle una buena salud, cómo garantizar su seguridad perso­nal, cómo bajar el índice de inflación, cómo disminuir la corrupción, cómo aumentar la tasa de empleo laboral o cómo ofrecerle una explicación del sentido de nuestro univer­so, vemos que estos problemas están ligados como un rizoma con muchos otros factores de muy diferente naturaleza que no se pueden desconocer para poderlos resolver. De lo contrario, constataremos, como dice Laotsé en el Libro del Tao, que “nuestro conocer es un ‘no-conocer’; y éste es el problema”. Por ello, pareciera que estas subdivi­siones disciplinarias impiden la solución de esos problemas cuando se enfrentan aislada e independientemente. Y cuando intentamos hacerlo, más bien empeoramos las cosas. Es más, podremos apreciar que estas áreas problemáticas están estrechamente ligadas con la idiosincrasia y cultura propias de cada país y, por consiguiente, no podemos esperar que investigadores foráneos nos las resuelvan: tenemos que hacerlo nosotros, con nuestros medios, iniciativas y creatividad propios.
       En el campo académico, la fragmentación del saber en múltiples disciplinas no es algo natural sino algo debido a las limitaciones de nuestra mente. Ya Santo Tomás de Aquino tomó conciencia de esta realidad cuando escribió al principio de su obra máxima, la Suma Teológica: “lo que constituye la diversi­dad de las ciencias es el distinto punto de vista bajo el que se mira lo cognoscible” (1964, I, q.1, a.1).
       Ésta es la razón por la cual la UNESCO viene pidiendo en los últimos tiempos a nuestras universidades que reformulen sus planes de estudio para que no se conviertan en perpetuadoras de anacronismos, es decir, en transmisoras de conocimientos que ya no tienen vigencia, sino muy parcialmente.
 
2.  Obstáculos para la Transdisciplinariedad
       Sin embargo, los obstáculos que se oponen al enfoque inter- o trans-­disciplinario son fuertes y numerosos. En primer lugar, están los mismos conceptos con que se designa cada disciplina y sus áreas particulares: así, los profesores suelen hablar de su “mundo”, su “cam­po”, su “área”, su “reino”, su “provin­cia”, su “dominio”, su “territo­rio”, etc.; todo lo cual indica una actitud feudalis­ta y etnocen­trista, un nacio­nalismo académico y un celo profeso­ral protec­cio­nista de lo que conside­ran su “propiedad” parti­cular, y esti­man como la mejor de todas las disciplinas.
       En segundo lugar, de la actitud anterior se deriva una conducta dirigida a “mantener el territorio”. De aquí, la tenden­cia de los especialistas a proteger sus áreas particu­la­res de experticia disciplinar de la invasión o intrusión de científicos de “otras áreas” en su jurisdicción académica. El mantenimiento de los linderos del propio territorio toma muchas formas: como es el exagerado uso de lenguajes formali­zados inaccesibles al profano, incluyen­do el uso de una jerga especial para confundir y excluir al intruso, para ridiculi­zarlo, y el recurso a la hostilidad abierta contra los invasores.
       En tercer lugar, a los “invasores” hay que cerrarle el paso de entrada a las revistas especializadas. Esto resulta fácil, ya que muchos consejos editoriales se distinguen preci­samente por tener en esos puestos a los profesionales más celosos de su territorialidad; es más, han llegado ahí espe­cialmente por esa singular “virtud”. Esto ha llevado a los investigadores más conscientes, a crear sus propias revistas inter- o trans-dis­ciplinarias y dejar a las primeras privadas de una interfe­cun­dación que podría serle muy enrique­cedora.
 
3.  Necesidad del Pensamiento Complejo
       Entremos más a fondo en el verdadero problema. Los fenómenos de la vida y la posibilidad del hombre de interactuar con ellos han creado una fuerte y amplia discusión metodológica. No es nada fácil comprender, aceptar y llevar la lógica de una determinada disciplina a las mentes de los cultivan otra muy diferente. Sin embargo, no se trata de eso: se trata de un encuentro y diálogo académicos que se interfecundan.
       En general, existe un punto muy controversial: se considera que los instrumentos de investigación propios de las ciencias naturales (física, química y, también y matemática) no son lo suficientemente exhaustivos en la búsqueda de la complejidad biológica, psicológica, sociológica y otras ciencias humanas, ya que estas ciencias son muy “particulares”. Es natural que un enfoque metodológico básicamente diferente conduzca a la formulación de paradigmas científicos contrastantes. “Interpretar las estructuras de estas ciencias como líneas matemáticas, significa negar el concepto mismo con que se definen, significa negar el valor del comportamiento como factor evolutivo y el de la influencia del ambiente sobre el sujeto mutante. No se puede considerar un sujeto viviente cualquiera como una cifra de un sistema algorítmico, ya que son sistemas abiertos profundamente interrelacionados con el ambiente en que viven. Tenemos aquí, por consiguiente, el uso de lógicas epistémicas particulares.
       ¿En qué consiste esta dimensión cualitativa y sistémica de la ciencia? La previsión probabilística, debido precisamente al alto número de factores que determinan el fenómeno de los seres vivos, no agota su estudio. La física y la matemática no pueden ser utilizadas y concebidas como parámetros adecuados de las ciencias de la vida; los mismos físicos tuvieron que abandonar, a principios del siglo xx, el paradigma mecanicista al llegar al nivel submicroscópico. Esto no significa negar el valor de estas disciplinas, sino subrayar su dimensión no exhaustiva en la investigación de la vida (Schrödinger, 1967), ya que su estructura se define con conceptos propios, extremadamente peculiares, como la teleonomía, la invarianza, la especie, el ecosistema, el organismo, etc., dentro de los cuales están insertados otros conceptos que conforman un sistema abierto en continua evolución y cambio, como los conceptos de auto-organización, auto-mantenimiento, auto-transformación, auto-renovación y auto-transferencia, todos los cuales configuran una especie de auto-poiesis, es decir, una especie de auto-creación. Todos estos conceptos pueden estar muy alejados de la mente, por ejemplo, de un físico, de un químico e, incluso, de un abogado.
       Sin embargo, sobre estos conceptos construyen las ciencias de la vida, y las ciencias humanas en general, sus propias coordenadas gnoseológicas, que son gestálticas y estereognósicas, es decir, que caminan por sendas heurísticas propias. De aquí, la necesidad de identificar una lógica no numérica, como guía del proceso heurístico, es decir, la dimensión o estructura cualitativa y sistémica de la ciencia.
       En síntesis, los diferentes niveles en que se nos presenta la realidad, en todos los campos, pero, de una manera especial, la realidad de los seres vivos, exige también diferentes niveles de la lógica a aplicar, y, en nuestro caso, una dialógica transdisciplinaria y unos métodos también transdisciplinarios; todo lo cual nos introduce en el paradigma sistémico,  pues, como nos señala von Bertalanffy, “desde el átomo hasta la galixia vivimos en un mundo de sistemas” (1981: 47) .
 
4.  Paradigma Sistémico
       Ahora bien, ¿qué implicaciones tiene la adopción de un paradigma sistémico para el cultivo de la ciencia y su tecnología? Cambian completamente los cimientos de todo el edificio científico: sus bases, su estructura conceptual y su andamiaje metodológíco.
       La comprensión de toda entidad que sea un sistema o una estructura dinámica requiere el uso de un pensamiento o una lógica dialécticos, en la cual las partes son comprendidas desde el punto de vista del todo, ya que cada parte es comprendida y evaluada por el rol o la función que desempeña en el todo; por ello, no le basta la relación cuantitativo-aditiva y ni siquiera es suficiente la lógica deductiva, pues aparece una nueva realidad emergente que no existía antes, y las propiedades emergentes no se pueden deducir de las premisas anteriores.
       Dilthey (1976/1900) llama círculo her­menéutico a este proceso inter­pretativo, al movimiento que va del todo a las partes y de las partes al todo tratando de buscarle el sentido. En este proceso, el significado de las partes o componentes está determinado por el conoci­miento previo del todo, mientras que nuestro conocimiento del todo es corregido conti­nuamente y profundizado por el crecimien­to de nuestro conoci­miento de los componentes.
       Con base en todo lo expuesto, es fácil comprender que el proceso natural del conocer humano es hermenéutico: busca el significado de los fenómenos a través de una interacción dialógica entre el todo y sus partes. Es más, también el todo sigue este mismo proceso e interacción con los contextos mayores, pues, como dice Habermas (1996), “interpretar significa, ante todo, entender a partir del contexto” (p. 501). Ésta es su dialógica: conociendo el bosque se conocen mejor sus árboles, y conociendo los árboles se conoce mejor el bosque.
       En consecuencia, cada disciplina (que es una visión, a veces, muy parcial de la realidad) deberá hacer una revi­sión, una reformula­ción o una redefinición de sus propias estructu­ras lógicas individuales, que fueron estableci­das aislada e independien­temente del sistema total con que inte­ractúan, ya que sus conclusiones, en la medida en que hayan cortado los lazos de interco­nexión con el sistema global de que forman parte, serán parcial o totalmente inconsistentes. Esto equivale a decir que debemos pasar de los planes de estudio unidisciplinares a planes de estudio multidisciplinarios, interdisciplinarios y transdisciplinarios, haciendo énfasis precisamente en sus interrelaciones.
       En esta línea de pensamiento, es importante destacar la obra de Gadamer (1984), en la cual elabora un modo de pensar que va más allá del objetivismo y relativismo y que explora “una noción enteramente diferente del conocimiento y de la verdad”. En efecto, la lógica dialéctica supera la cau­sación lineal, uni­di­rec­cional, explicando los sistemas auto-correc­tivos, de retro-alimentación y pro-alimentación, los circui­tos recurrentes y aun ciertas argu­mentaciones que pare­cieran ser “circulares”.
        La toma de una plena conciencia de esta situación implica algo, o mucho, más que una interdisciplinariedad, implica una auténtica transdis­ciplina­rie­dad o metadisci­plinariedad, donde las distintas discipli­nas están gestálti­camente relacionadas unas con otras y transcendi­das, en cuanto la gestalt resultante es una cualidad emergente, superior a la suma de sus partes.
       En efecto, la naturaleza es un todo polisistémico que se rebela cuando es reducido a sus elemen­tos. Y se rebela, precisamente, porque, así, reducido, pierde las cualidades emergentes del “todo” y la acción de éstas sobre cada una de las partes.
       Este “todo polisistémico”, que constituye una naturaleza más amplia y global, nos obliga, incluso, a dar un paso más en esta direc­ción. Nos obliga a adoptar una metodo­logía transdisciplinaria para poder captar la riqueza de la interacción entre los dife­rentes subsiste­mas que estudian las disciplinas particu­lares. No se trata simple­mente de sumar varias disciplinas, agru­pando sus esfuerzos para la solu­ción de un determinado problema, es decir, no se trata de usar una cierta multidis­ci­plinariedad, como se hace frecuente­mente; ni tampoco es suficiente, muchas veces, la interdisci­plina­riedad, que lleva cierto orden epistémico y metodológico de una disciplina a otra. Este proceso cognitivo exige respetar la interacción entre los objetos de estu­dio de las diferentes disciplinas y lograr la transformación e integra­ción completa de sus aportes respectivos en un todo coherente y lógico.
 
5.  Ciencia, Arte y Ética
       Para muchos científicos, como por ejemplo Einstein, la ciencia no busca tanto el orden y la igualdad entre las cosas cuanto unos aspectos todavía más generales del mundo en su conjunto, tales como “la simetría”, “la armonía”, “la belleza”, y “la elegancia”, aun a expensas, aparentemente, de su adecuación empírica. Es más, se dice que la belleza es nombrada hoy día más por los físicos que por los críticos de arte. 
       El gran físico cuántico danés Niels Bohr (amigo y, en ciertos temas, opositor de Einstein) afirmaba que “cuan­do se trata de átomos, el lenguaje sólo se puede em­plear como en poesía. Al poeta le interesa –dice él– no tanto la des­crip­ción de hechos cuanto la creación de imágenes” (en Bro­nowski, 1979: 340). Tambien Aldoux Huxley afirmaba que “las ciencias de la vida necesitan las intuiciones del artista” (en Vilar, 1997: 242). Es más, no sólo las ciencias de la vida, sino hasta Premios Nobel han tomado, a veces, sus conceptos básicos de la Literatura, como hizo Murray Gell-Mann, Premio Nobel de Física en 1969, que tomó el concepto de las partículas elementales de la física llamadas “quarks”, de un poema de James Joyce, y, concretamente de la frase rítmica “three quarks for Mr. Mark” (ibídem, p. 241).
       Recordemos que también para la mente griega la belleza tuvo siempre una significación enteramente objetiva. La belleza era verdad; constituía un carácter fundamental de la realidad. De ahí nació el famoso lema, tan significativo y usado a lo largo de la historia del pensamiento filosófico: “lo verdadero, lo bueno y lo bello convergen”; es decir,“convergencia de la ciencia, la ética y el arte”, pues sólo la convergencia de estos tres aspectos del ser (lo que la Fenomenología llama sus “esferas eidéticas” o “regiones del ser”) nos daría la plenitud de la significación, la plenitud de “la verdad”.
       Como podremos observar, esta “plenitud de significación y de verdad” que nos daría la integración de la Ciencia, el Arte y la Ética, equivale a lo que solemos considerar como un auténtico resultado de una sólida y rica formación personal y profesional, la cual nos lleva a la verdadera sabiduría, a la prudencia o sindéresis (como capacidad para juzgar rectamente). Esta sabiduría vendría a ser como una realidad emergente vivencial en la mente y vida del sujeto humano, que no se daría en los componentes que la constituyen, sino en su interacción recíproca. No es, por lo tanto, una disciplina tradicional, sino una meta- o trans-disciplina. Esta “sabiduría” integraría los aspectos “verdaderos” de la realidad (Ciencia) con su armonía y elegancia estética (Arte) y con el respeto, aprecio y promoción de la naturaleza de esa realidad (Ética). Esta tríada de saberes integrados es lo que la Unesco trata de señalar como el objetivo fundamental de toda renovación y replanificación universitaria.
       Bertrand Russell, considerado uno de los pensadores más lúcidos del siglo XX y, quizá, de toda la historia de la humanidad, dice que “la ciencia, como persecución de la verdad, será igual, pero no superior, al arte” (1975: . Y Goethe señala que el “arte es la manifestación de las leyes secretas de la naturaleza” (en: Nietzsche, 1973: 127). Por esto, Gadamer concluye diciendo que “la oposición entre lo lógico y lo estético se vuelve dudosa” (1984: 656).
       Estas mismas razones son las que han llevado a universidades como la de Harvard a pedir a sus estudiantes que el 25% de las asignaturas que cursen sean de áreas externas a su especialidad; e, igualmente, que en nuestra Universidad Simón Bolívar, desde su planificación, 40 créditos (unos 15 cursos) sean de Estudios Generales, es decir, de formación personal, paralela a la formación profesional.
 
6.  Dialógica y Métodos Transdisciplinarios
       Con el diálogo como instrumento operativo, se pretende asimilar, o al menos comprender, las perspectivas y el conocimiento de los otros, sus enfoques y sus puntos de vista, y también desarrollar, en un esfuerzo conjunto, los métodos, las técnicas y los instrumentos conceptuales que faciliten o permitan la construcción de un nuevo espacio intelectual y de una plataforma mental y vivencial compartida.
       El principio epistémico de complementariedad su­braya la incapaci­dad humana de agotar la reali­dad con una sola perspectiva, con un solo pun­to de vista, con un solo enfoque, con una sola óp­tica o abordaje, es decir, con un solo intento de cap­tarla. La descrip­ción más rica de cualquier entidad, sea física o humana, se lo­graría al inte­grar en un todo cohe­rente y ló­gico los aportes de diferentes perspectivas, filoso­fías, méto­dos y disciplinas.
       La verdadera lección del principio de complementarie­dad, la que puede ser traducida a muchos campos del conoci­miento, es sin duda esta riqueza de lo real complejo, que desborda toda lengua, toda es­tructura lógica o formal, toda clarifica­ción concep­tual o ideológica; cada uno de noso­tros puede expresar solamente, en su juego intelec­tual y lingüístico (como señala Wittgenstein, 1969), una parte, un aspecto de esa poliédrica realidad, ya que no posee la totalidad de sus caras o elementos ni, mucho menos, la totalidad de la red de relaciones entre ellos.
       Por esto, “para Hegel, la verdad de las cosas no se encuentra refutando las contradicciones, sino interiorizándolas, o sea, resolviendo los opuestos en un concepto superior que los conserva conciliados” (Miano, 1952: 179). Hegel dice que “lo verdadero es el todo” (1966), es decir, cada realidad unida a todos los otros elementos con que tiene relaciones.
       Teniendo esto presente, nos preguntamos: ¿qué es, enton­ces, un conocimiento transdisciplinario, una visión transdis­ci­plina­ria de un hecho o de una realidad cualquie­ra? Sería la aprehen­sión de ese hecho o de esa realidad en un “contexto más amplio”, y ese contexto lo ofrecerían las dife­rentes discipli­nas invoca­das en el acto cognoscitivo, las cua­les interactúan formando o constituyendo un todo con senti­do para nosotros. En los problemas de la ciencias humanas, por ejemplo, no se da únicamente una variable independiente, una dependiente y una relación de causalidad, sino que siempre entran en juego docenas de variables, unas antecedentes y otras intervinientes durante el tiempo, y muchas no son lineales, ni unidireccionales, ni solamente causales, sino variables que interactúan mutuamente y entre la cuales se da todo tipo y clase de relaciones: de causa, condición, contexto, soporte, aval, secuencia, asociación, propiedad, contradicción, función, justificación, medio, etc., etc. Por esto, Ortega y Gasset decía “yo soy yo y mis circunstancias”, circunstancias personales, familiares, sociales, culturales, históricas, etc., que influyen y, a veces, determinan tanto la estructura personal como la de un grupo humano o de la sociedad entera.
       Ahora bien, todo esto nos exige revisar el concepto de ciencia; si queremos abar­car ese amplio panorama de intereses, ese vasto radio de lo cognosci­ble, entonces tenemos que extender el concepto de ciencia, y también de su lógica, hasta comprender todo lo que nuestra mente logra a través de un procedimiento rigu­roso, sistemáti­co y crítico–que constituyen, desde Kant, los criterios básicos de toda “cientificidad”.
       Igualmente, como dice Henri Lefebvre, al confrontar las tesis, el pensamiento busca espontáneamente una unidad superior. Cada tesis es falsa por lo que afirma en forma absoluta, pero verdadera por lo que afirma relativamente” (en Bleger, 1972: 264).
       Llegamos, así, al final de nuestras reflexiones y nos atrevemos a hacerlo proponiendo una definición de la transdisciplinariedad, que se podrá cambiar y mejorar posteriormente: “la transdisciplinariedad sería un conocimiento superior emergente, fruto de un movimiento dialógico de retro- y pro-alimentación del pensamiento, que nos permite cruzar los linderos de diferentes áreas del conocimiento disciplinar y crear imágenes de la realidad más completas, más integradas y, por consiguiente, también más verdaderas”.


 
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§ El Dr. Miguel Martínez M. es Profesor Titular (Jubilado) de la Universidad Simón Bolívar de Caracas (Venezuela) y responsable de la Línea de Investigación “Epistemología y Metodología Cualitativa”.
 E-mail: miguelm@usb.ve; Página de Internet: http://prof.usb.ve/miguelm.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
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